Andando solo por la oscuridad que nos brinda la noche, un abrigo y el viento por testigos de una silueta que avanza a la misma vez que yo, que se acerca y se aleja con la luz de la luna que se abre paso entre las hojas de los arboles que vallan mi camino. En cada paso un recuerdo y en cada recuerdo aquel paso que tanto nos costó dar. Mis ojos en el horizonte, buscando el fondo de ese oscuro camino, y sin embargo ella sigue ahí, a mi lado, delante o detrás, deformándose como hace nuestra alma en cada bache que nos encontramos en la vida.
El soplido del viento me anuncia un cielo de color gris oscuro que comienza a llorar, la lluvia va borrando mi rastro, las nubes ocultan la luz.
Ahora es invisible, a simple vista compruebo que ya no puedo verla, pero caminando encuentro a los lejos una cabizbaja farola que daba luz al camino...Ella de nuevo aparece, y logré entender que en realidad nunca me abandono.
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