Las tormentas son los baches que nos pone el día a día. Las gaviotas que nos acompañan en nuestra ruta son aquellas cosas que sobrevuelan nuestra mente, todo lo que tenemos por hacer y aun no hemos hecho.
Y entre tanta penumbra el puerto, las metas donde queremos llegar.
Seamos capitanes y afrontemos las olas de frente, poniendo nuestra alma a toda máquina sin miedo, pues si volcamos volveremos a salir a flote, alcemos la vela y dejemos que el viento y los recuerdos nos conduzcan a un camino nuevo, donde aprendamos de los errores cometidos y nos quedemos con lo bueno, con aquello que realmente tiene que perdurar. Agarremos bien el timón y afrontemos las tormentas que están por venir, cerremos la escotilla a todo lo que nos puede dañar y soltemos el ancla a aquellas cosas que nos hacen sonreír día a día. Hagamos en nuestra ruta todo aquello que queremos hacer y despejemos el cielo, que en el solamente reine la claridad, pues soy de los que piensa que por muy fuerte que sea la tormenta un barco bien tripulado siempre volverá a ver el sol, y entonces es ahí donde entra la parte más importante de todo navegante...El puerto, ahí donde queremos estar y donde podemos grabar en la arena de la orilla que hoy estamos aquí para hacer muchas cosas importantes y que por muy fuerte que sea la marea siempre vamos a tripular nuestra propia vida con dos cojones...sin miedos. Y aquí sigo, de pié y dispuesto a navegar mil mares más.
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