Un perfecto pacto de unión entre el cielo y la tierra a través de un manto de lluvia que cae abrillantando nuestras calles, dando un olor especial a nuestros momentos, oscureciendo los amaneceres más luminosos.
Haces florecer los recuerdos mejor guardados, nuestra pereza maldita echando de menos sus manos..
Cada gota de lluvia rompiéndose al impacto con el suelo, como lo hacen los mejores diamantes, dejando un sendero de ríos donde navegan nuestros sentidos más aventureros.
Apreciable al tacto con la piel, atrevida, sin pedir permiso para mojar nuestra piel con tu contacto frío.
A veces destrozando, otras aportando vida..
A veces muriendo en mis manos, otras en su pelo..
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