Como cuando el aíre adopta formas imposibles para colarse por los rincones más remotos.
Como el agua que es capaz de dibujar la forma de cada recipiente, de adaptarse a cada superficie acariciándola con su suave tacto y llenando sin dejar un solo hueco vacío.
Igual que los besos de amor, labios que se amoldan a otros labios...
Como se amoldan las estrellas a la noche, la luz del sol a la tierra y la oscuridad al cielo o a los rincones de mi habitación, dejando solamente una breve senda para las sombras.
Como las olas cuando van dibujando nuestros paseos por la orilla del Mar, cicatrizando cada huella que vamos dejando.
En la vida hay que ser capaces de adaptarse a todo, de ser amorfo, moldeable. Adaptarnos a las cosas que tenemos sin perder la ambición, a la gente que nos quiere, adaptarnos a esa persona que nos ama como ella se adapta a nosotros.
Saber formar sonrisas en la tristeza y caminos en los barrancos más profundos que la vida nos va poniendo, por muy duro que resulte caminar, al fin y al cabo hay que hacerlo...
Aprendamos a ser abrigo cuando el aire intente congelar nuestra tranquilidad, seamos sol cuando la lluvia quiera nublar nuestro día a día.
Intentemos aportar la luz a esa gente que la necesita, como lo hacen las estrellas y la luna a la noche, aportar el calor del sol en los dolorosos inviernos y la oscuridad en cada descansar.
Impactemos contra lo malo sin miedo, como lo hacen las olas del mar contra la orilla, borrando las huellas de aquellas cosas que ya no deben de estar en nuestra vida.
Simplemente seamos todo para que nunca puedan dejarnos en nada.
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